La presencia del mar en las películas septiembre 26, 2009
Posted by gdinegrof in Cine.Tags: Elegy, Francois Truffaut, Isabel Coixet, La Habitación del Hijo, Los 400 Golpes, Mar, Nanni Moretti
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La inmensidad del mar no tiene pierde si lo que quieres es expresar belleza. Su sola imagen lleva consigo poesía pura. En “Elegy” (Isabel Coixet, 2008), Ben Kingsley y Penélope Cruz caminan en la orilla de la playa y el cuadro es hermoso. En parte por ellos, pero en gran medida por la imponente presencia del océano, que proporciona una sensación de libertad y absoluto sosiego.

El mencionado filme, estrenado hace unas semanas en las salas peruanas, constituye un buen pretexto para resaltar la perfecta pertinencia fílmica del mar. En muchas películas, éste ha sido utilizado no solo como elemento decorativo, sino como pieza fundamental de la historia. Me referiré brevemente a dos cintas que explican con acierto el sentido de mis palabras: “La habitación del hijo” (Nanni Moretti, 2001) y la obra maestra “Los 400 golpes” (Francois Truffaut, 1959).
En la película del director y actor italiano, el mar aparece en momentos claves y en él ocurren situaciones cruciales de la historia. Al inicio de la cinta, Giovanni (un psiquiatra que disfruta de la actividad física, magistralmente interpretado por Nanni Moretti) corre y la inmensa masa de agua solo se muestra como el fondo ideal para un encuadre excelente.

Sin embargo, cobra gran relevancia cuando Andrea (Giuseppe Sanfelice), el hijo de Giovanni, muere mientras practicaba buceo. La imagen de la muerte no existe porque es innecesaria y terminaría por “ensuciar” la presencia del océano que sobre el final resulta conmovedora y hasta curativa, cuando el psiquiatra, su esposa Paola (descollante Laura Morante) y su hija Irene (Jasmine Trinca) caminan en la playa, en direcciones diferentes, pero con el mar como punto de llegada.

En “Los 400 golpes”, la maravillosa película de Truffaut, el mar simboliza la libertad. Antoine Doinel (Jean-Pierre Léaud, el actor fetiche del genio francés) es un niño atormentado que decide huir de los maltratos de su madre y padrastro. Antes de lograr el sueño de su vida (conocer el mar), Antoine pasa por el reformatorio, del que termina escapando, porque el pequeño es lo que mejor sabe hacer. La escena final del filme es tan sencilla como brillante: Antoine corre, corre y corre hasta llegar al mar. Una vez allí, en la orilla, ante la inmensidad del océano, Doinel voltea, mira hacia todos lados (incluso hacia la cámara) y su rostro expresa una tristeza desgarradora, como si dejara atrás el amargo pasado y comenzara, con mucha ilusión, una nueva vida.

Aunque no se trate de una película, los invito a ver el video del tema “Oceans” de Pearl Jam, que sabe proyectar con mucha energía el poder del mar, la libertad y la naturaleza:
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